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Cuánto cuesta una página web (números, no «depende»)

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Preguntas cuánto cuesta una web y te contestan lo mismo en todas partes.

«Depende del proyecto.»

Es verdad. También es una forma bastante cómoda de no mojarse.

Nosotros lo hemos dicho. Muchas veces. Y luego hemos visto a gente pasar tres semanas pidiendo presupuestos a ciegas, sin ninguna referencia para saber si lo que le estaban ofreciendo era caro, barato o directamente otra cosa.

Así que este artículo va de eso. Números reales, qué los mueve y cómo distinguir dos presupuestos que sobre el papel parecen idénticos.

El precio no lo marca el número de páginas

Esta es la parte que casi nadie explica y es la que más cambia la factura.

Lo que encarece un proyecto no es cuántas pantallas tiene. Es cuántas decisiones están sin tomar cuando empieza.

Una web de cuarenta páginas de una empresa que sabe a quién le habla, qué vende, en qué se diferencia y qué quiere que pase cuando alguien entra es un proyecto caro de producir y barato de pensar.

Una web de cinco páginas de una empresa que todavía no ha decidido nada de eso cuesta más. Porque alguien va a tener que decidirlo. Y si no lo decide el cliente, lo acaba decidiendo el diseñador a las once de la noche, que es la peor manera posible de tomar una decisión de negocio.

Por eso la primera pregunta útil no es cuánto cuesta una web.

Es cuánto de esto ya está resuelto.

Qué hay dentro de un presupuesto

Un proyecto web normal tiene cinco bloques. Los presupuestos que has recibido incluyen algunos, no todos, y casi nunca dicen cuáles.

Estrategia. Entender el negocio, decidir a quién le habla la web y qué tiene que conseguir. Puede ser una sesión de tres horas o dos semanas de trabajo.

Contenido. Los textos, las fotos, los vídeos. Aquí es donde se cae la mitad de los proyectos del mundo. El presupuesto suele decir «textos aportados por el cliente» y el cliente suele descubrir en el mes tres que escribir dieciocho páginas es un trabajo, no un rato.

Diseño. La identidad si no la hay, y el diseño de las pantallas.

Desarrollo. Montarlo, que funcione en móvil, que cargue rápido, que se pueda editar sin llamar a nadie.

Lo que viene después. Mantenimiento, hosting, actualizaciones, cambios. Existe siempre. Aparece en el presupuesto casi nunca.

Cuando compares dos ofertas, lo primero es mirar cuáles de estos cinco están incluidos en cada una. Es habitual que la diferencia entre un presupuesto de 2.000 € y otro de 7.000 € no sea la calidad. Sea que uno incluye tres bloques y el otro cinco.

Tres escenarios y sus números

Rangos del mercado español para estudios y profesionales que trabajan en serio. No son tarifa nuestra: son el terreno en el que te vas a mover.

Web sencilla, marca ya definida

Entre 1.500 € y 3.500 €

Cinco o seis páginas, estructura estándar, identidad existente, textos que aporta el cliente. Sirve para presentar un negocio que ya sabe explicarse y que necesita estar en internet de forma digna.

Es una compra perfectamente razonable. Lo que no puedes esperar es que además resuelva el posicionamiento de tu marca, porque eso no está dentro.

Web a medida con estrategia

Entre 4.000 € y 10.000 €

Aquí hay trabajo previo: se define a quién le habla la web, se decide la estructura desde cero, se escriben o se reescriben los textos y el diseño se hace para este proyecto y no para cualquiera.

Es el rango donde está la mayoría de proyectos de pymes que se toman esto en serio. También es donde más varía el precio, porque depende mucho de cuánto haya que decidir por el camino.

Proyecto completo de marca

Entre 12.000 € y 30.000 €

Estrategia, identidad, sistema de marca, web, contenido y a veces campaña. Meses de trabajo, varias personas y decisiones que van a condicionar los próximos años del negocio.

No lo necesita todo el mundo. Lo necesita quien va a lanzar algo, quien ha cambiado de negocio sin cambiar de marca o quien lleva años compitiendo con una identidad que no le deja subir de precio.

Y un aviso sobre el ecommerce

Una tienda online no es una web con carrito. Multiplica por dos o por tres cualquiera de los rangos de arriba, porque hay catálogo, pagos, envíos, fiscalidad, integraciones con almacén y una lista de casos raros que aparecen todos el día del lanzamiento.

Qué pasa si el presupuesto no llega

Pasa constantemente y no es ningún drama. Pero hay una forma correcta de resolverlo y una que sale carísima.

La correcta es recortar alcance. Menos páginas, menos funcionalidades, una fase primero y otra dentro de un año. El proyecto se hace más pequeño y se hace bien.

La cara es recortar calidad. Mismo alcance, menos dinero, alguien que dice que sí a todo. Eso no se paga en el presupuesto. Se paga en el mes siete, cuando la web va lenta, no se puede editar sin ayuda y hay que rehacerla entera con otro equipo que primero tiene que deshacer lo anterior.

Si te falta presupuesto, dilo en la primera reunión. Un estudio que sabe lo que hace te va a decir qué se puede hacer con eso. Y si lo que necesitas no cabe, también te lo va a decir.

Cómo comparar dos presupuestos que parecen lo mismo

Cinco preguntas. Sirven con nosotros y sirven con cualquiera.

¿Quién escribe los textos? Si la respuesta es «el cliente», súmale semanas al calendario y añade el coste de tu propio tiempo.

¿Qué pasa cuando termina? Quién actualiza, cuánto cuesta, qué se considera cambio menor y qué se considera proyecto nuevo.

¿De quién es lo que se hace? El código, el dominio, los accesos, los archivos del diseño. La respuesta debería ser «tuyos» y debería estar por escrito.

¿Cuántos cambios entran? Un presupuesto sin rondas de revisión definidas no es más flexible. Es más ambiguo.

¿Quién va a trabajar en esto? Quién lo vende y quién lo hace no siempre son la misma persona ni el mismo país.

Un presupuesto que responde a estas cinco cosas antes de que preguntes te está diciendo bastante sobre cómo va a ir el proyecto.

Y una última cosa

El número más peligroso no es el más alto.

Es el que te dan rápido, sin preguntarte nada, por correo y en dos líneas.

Porque para poner un precio a un proyecto hay que entender qué problema tiene delante. Y si nadie te ha preguntado por tu negocio, por tu cliente o por qué esperas que pase cuando alguien entre en la web, ese número no es un presupuesto.

Es una suposición con un IVA debajo.

¿Tienes presupuestos encima de la mesa y no sabes cuál tiene sentido?

Cuéntanos qué te han ofrecido.

Te decimos qué estás comparando.

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